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viernes, 12 de enero de 2018

CEG. (Audio)

CEG. (En Hoy por Hoy León, 12 de enero de 2018)

Mañana se cumplirán veinte años desde que me vine a vivir a León. Ya sabes de la canción, que si veinte años no es nada y febril la mirada no sé cuántas cosas más y es verdad que es un suspiro. Era martes. Lo sé porque era martes y trece y porque hay días que no se olvidan, creo.

Tengo que decirte que siento que en estos veinte años no ha cambiado nada. Quizá es una impresión apresurada, quizá si me paro a pensarlo me doy cuenta de que hay muchas cosas que ya no son como eran, pero me pasa con la ciudad lo que con las personas. Te das cuenta de cómo han cambiado cuando pasas mucho tiempo sin verlas, porque los cambios son graduales y los vamos incorporando en nuestra conciencia sin ser conscientes de que lo hacemos. Es un saber sin saber. Como esa Amargadulce que viene mañana a El Albéitar para preguntarse por Dulcinea en un viaje de la heroicidad al olvido en camino de ida y vuelta. ¡En veinte años pasan tantas cosas! Cosas que nos cambian tanto que no se nos reconoce, pero que nos dejan en la desnudez de lo que somos para que se nos encuentre. ¡Y no digamos en cuarenta o en sesenta o en mil! Lo esencial permanece, es lo que hay de eterno, eso que es modelo, como la dama que ilumina el ímpetu del caballero, como los molinos de viento que se agigantan en sólida dificultad, como el propio caballero de seso sorbido en lucha ciega contra “malvados follones”, en permanente brega para “desfacer entuertos” en honor de la sin par Dulcinea. Ciegos somos al pasar del tiempo.

Los modelos están para que nos reconozcamos en ellos, para que suplamos la ceguera del tiempo. Me gusta esa idea de que la realidad responde a estructuras geométricas, que todo lo que hay, hasta la más caprichosa y desordenada de las formas, se puede dibujar siguiendo un patrón matemático. El orden y el caos son la misma cosa. Así es que sí, en estos veinte años, he creído ver el orden y el caos en el filo del mismo precipicio y he creído sentir en mi propia vida el brillo de la luz más pura y la ceguera más oscura en el mismo instante, bajo el mismo cielo de enero, con las mismas frías pisadas de las calles de león en un día trece. “La última vez que nos vimos estábamos en el hospital con nuestras hijas, pero la tuya estaba dando a luz”, le dije. “Y la luz existe con independencia de mi ceguera”, hubiera debido completar. Ciego como un Quijote a lomos de otro Clavileño.

Por cierto, que hace veinte años no existía la Capital Española de la Gastronomía. Ya somos CEG. Me encanta esta facilidad del español para el acrónimo. Y como esa CEG que nos lleva al escaparate del turismo nos traerá muchos visitantes extra, he querido celebrarlo con un juego de palabras y me he ido al diccionario buscando palabras que empiezan por “ceg”. Te puedes imaginar que la mayoría tienen que ver con la ceguera y por eso me he acordado ahora al decirte que todo tiene luz y sombra máxima en el mismo contorno. Pero hay alguna más. Me gusta “cegesimal” que nos sitúa en la medida, en el sistema de medidas en centímetros, gramos y segundos. Un esfuerzo inútil por apretar la experiencia en un corsé que se desborda. Mi preferida es “cegua”, que es “ciguanaba” y con ella se refiere uno a un fantasma, pero no aquí, solo en algunos países centroamericanos. Ciego, medida, fantasma.

viernes, 5 de enero de 2018

Audiencia cero. (Audio)

Audiencia cero. (En Hoy por Hoy León, 5 de enero de 2018)

Mi amigo Paco está loco porque hable de él en este artículo. Dice que le gusta ser el niño en el bautizo y el muerto en el entierro y, como nos pusimos a hablar de la vida y la política y de literatura y de tantas cosas que tenemos en el ADN de nuestra inquietud, salió el tema este de las cosas que te cuento los viernes a la hora del aperitivo y dijo que tenía que hablar de él.

Dijo que escucha siempre mis artículos, porque, aunque vive en Bruselas, los busca en internet para poder criticarlos tranquilamente. Yo creo que, como nos vemos poco, va almacenando sus críticas en la memoria y luego, cuando nos encontramos, se le olvida de tanto como ha ido pensando. El encuentro del que te hablo fue ayer en Madrid, en un restaurante peruano, una comida que arrancó con el sabor de un “pisco saur” para soltar la lengua rápido. No estábamos solos y si solo te hablo de Paco es porque solo él dijo tan a las claras que quería salir en este artículo y si hablo de él tan sin pudor, es porque hablamos de Bryce Echenique y de los tiempos de la Vida Exagerada de Martín Romaña.

Uno de los temas más interesantes fue la cuestión de las audiencias. Yo sé que tú siempre estás ahí. Sé que siempre estás al otro lado de la radio, pero yo hablo como si no existieras. Mis reflexiones, mis manías, mis extravagancias a veces, se suceden sin recato, como si no me estuvieses escuchando. Y quiero que este primer comentario del año esté teñido por la consideración permanente de tu presencia. Me declaro culpable. Me coloco en la silla más eléctrica de la culpa por haber olvidado que estás ahí escuchándome y dejar pasar los días sin decirte cosas importantes. Estuvimos hablando de las audiencias, te decía, y una idea que se acomodó en la mesa fue la de que en la sociedad de la “post-verdad” la opinión pública ya no es “una”. El peso de la opinión pública se fragmenta en millones de tuits, en cientos de miles de “me gusta” que conducen el flujo de la información por los canales del control de las grandes empresas de contenidos. Nos machacan con anuncios de viajes a Heraklion desde el momento en el que se nos ocurrió poner Creta en el buscador de Google. Pero eso no nos importará porque nos parecerá perfecto que nos hablen solo de lo que queremos oír.


Tenemos que buscar una salida para las personas que quieren seguir siendo críticas y estar bien informadas. Creo que esta radio es una de las que Hoy por Hoy todavía lo favorecen. Así es que, quédate siempre al otro lado para que Radio León siga existiendo. Es lo que le he pedido, entre otras cosas, a los Reyes Magos. Porque no vale la pena seguir hablando si no hay nadie ahí escuchando. Puede que haya cosas que se hacen porque tienen que hacerse, pero no me digas que no te produje tristeza saber que la retransmisión de las uvas desde la televisión de Castilla y León tuvo una audiencia récord de cero espectadores. Será que tiene que ser así. Que después lo verá la gente en las redifusiones. Pero después de tantos años, en este 2018 que empieza, no tengo por menos que preguntarme si esto que te cuento sirve para algo. En cualquier caso, feliz año nuevo y que esta noche la magia de los Reyes, en especial la de Baltasar, que es mi preferido, te arrope el sueño y te haga tan feliz como yo he sido contándote cosas al oído todos estos años.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Abracadabra. (Audio)

Abracadabra. (En Hoy por Hoy León, 29 de diciembre de 2017)

A dos días del final del año tiene uno la tentación de hacer recuento de los días que han pasado. Parece que esas fechas que se dibujan como metas en el calendario, el treinta y uno de diciembre, el día del cumpleaños, el día de cierto aniversario, son momentos oportunos para la recapitulación, para eso que en el catecismo que nos aprendíamos de niños se llamaba –y se sigue llamando, claro- “examen de conciencia”. Tendemos a la exageración en todo. Ya lo ves en los resúmenes de noticias que nos llegan por todas partes, incluso en ese que te brinda FaceBook en el que el protagonista eres tú. Siento que esa exageración de la que hablo acaba siendo una agresión sensiblera que se reproduce en cada recapitulación. Quizá es que tengo el corazón en piedra y no me siento con capacidad para estas lágrimas de fin de año. Creo que en ese examen continuo de conciencia estamos completamente perdidos y es mejor mantenerse en la idea mágica de que las cosas que van pasando son fruto de nuestro quehacer y, por tanto, son nuestra responsabilidad y no resultado de un azar misterioso que coloca los acontecimientos uno tras otro en un carrusel emotivo de momentos brillantes para recordar.

Pero, en la magia, la clave está en que lo que es no parece lo que es, o dicho más a lo clásico: “Nada por aquí, nada por allá, mais voila”. Donde parece que no hay nada aparece algo, donde parece que hay algo, resulta que no hay nada. Esa magia en la conciencia de los días es quizá la salvación, la forma de esquivar la condena moral de tus quehaceres. Nada por aquí, nada por allá, lo que pasó, pasó y no hay nada que lo pueda remediar. Y un ramo de flores o un conejo surgen de la chistera para dejarte boquiabierto y no pensar más.

Ya sabes que en estos días de Navidad uno de los trucos de magia preferidos de la vida es hacer que se te aparezcan personas que hace mucho tiempo que no ves. A mí se me apareció una de esas personas que tienes en altares antiguos y que ya piensas que nunca más volverás a encontrar. Solo pude hablar con ella diez minutos. Las personas como ella tienen el tiempo justo para casi todo, porque se deben a muchos. Pero en esos diez minutos aprovechó para decirme que, a pesar de su brillante carrera en el Derecho, ha estudiado filosofía y está enganchada a lecturas de ética. ¿Qué mayor magia que la de la moral?

Por eso hoy te traigo y te llevo por el tema del recuento. Por eso me apetece hacerte frenar un poco en la inercia de estos días y serenarte para que pienses en la importancia de cada acto. No porque después te tengas que examinar. No porque luego vayas a sentir la punzada de la culpa. No porque dependa de esa acción tu felicidad o la de los otros. Solo porque ser consciente de que cada acto es importante es lo que hace de tu vida algo verdaderamente mágico, algo especial. Si no importa lo que hacemos, ¿qué importa?


Me pregunto si será por eso que el festival de magia se llama Festival Internacional León Vive la Magia, incluyendo las palabras “magia” y “vive” de forma tan cercana. Me gusta más hablar de magia que de ilusionismo, porque es verdad que los trucos de magia que nos muestran los magos en los escenarios son meras ilusiones, pero esa ilusión es tan real y poderosa como lo es cada acto de nuestra vida. No pierdas la ilusión de la magia, no confundas una ilusión con otra. Vive la magia. La magia de cada instante es lo mejor que tenemos.